Corte transversal

Bajé rápidamente con todas mis fuerzas el cutter: tenía que ser un corte perfecto. En segundos, salió un chisguete de sangre.

Corrí al baño a lavarme el filete de dedo que me había cortado. Me dolió un poco cuando el agua empezó a caer directamente en la herida pero con el jabón, un poco más. Pegué el pedazo donde se supone que iba, lo apreté y los vendé.

“Esto te lo tiene ver un doctor”, me dijo mi mamá con una voz un poco exaltada y con un color algo blancuzco de su cara.

Llamé al doctor y me comentó que lo mejor para este tipo de cosas era la Cruz Roja. ¿La Cruz Roja? ¿Cómo? Mmm… ¿y por qué no? Hacia allá nos fuimos.

“Mejor hay que irnos al Español. ¿La Cruz Roja? ¡Qué horror!” dijo mi mamá.

La verdad, me puse a pensar que si no era para tanto, me iba a doler el codo al máximo cuando me dijeran que no tenía nada y que iban a ser 10,000 pesos por haber entrado a Urgencias. ¡No, gracias! Llegamos a la Cruz Roja. No había gente sino lo que le sigue. Mi madre me tomó del brazo y dijo:

“¡¡Yo creo que SÍ nos vamos al Español!!”

Claro que no. Primero tenía que preguntar qué se hacía. Me acerqué a la ventanilla con una enfermera:

“Oiga, señorita, ¿qué tengo que hacer para que me atiendan?”

“¿Qué le pasó?”, preguntó.

“Me corté el dedo con un cutter”.

Puso una cara de asco casi de vomitar y me dijo que pasara por la puerta hasta el final, directo a Urgencias. Le entregué mi bolsa Coach a mi mamá pero tomé el teléfono por cualquier cosa.  Mientras caminaba por el pasillo rumbo a Urgencias se acercaron cinco doctores:

“¿Qué le pasó, qué tiene? ¿En qué la podemos ayudar?”

“Me corté el dedo con un cutter”.

Me sentaron en una camilla a medio pasillo y una doctora me atendió. Me sentí en Grey’s Anatomy ya que detrás de ella estaban cinco intentos de doctores viendo lo que me hacían. Claro que en vez de ver a Mc Dreamy y Mc Steamy estaban Mc Juárez y Mc Sánchez.

Me quitó −con muchas dificultades− lo que me había puesto en la oficina para que no sangrara más (un pedazo de Kleenex, un cuadrito de bufanda y varias vueltas de durex para que apretara y no se moviera nada). En el instante que quitó todo, brotó de nuevo una cascada de sangre.

“Sí se cortó muy fuerte. La vamos a coser. Pero antes que nada hay que lavarla.”

Puse carita de “no hay de otra”.

Con singular alegría,la doctora empezó a tallarme sin piedad, como si estuviera quitando con piedra pómex las manchas de un traste percudido. Yo gritaba cual loquita.

“Ya, ¡no grite tanto!”

“Es que me duele”, le dije con voz de ultratumba.

“¿Tiene hijos?”, me preguntó, muy ingenua esta idiota queriendo comparar un dolor de trabajo de parto con el salvajismo que estaba cometiendo contra mi dedo.

“¡Sí, tengo tres hijos pero fueron cesáreas. Me anestesiaron toda y no me dolió nada!”

Los intentos de doctores no podían aguantar la risa.

El hecho de que junto a mí le estuvieran amputando la pierna a otro paciente me valía un cacahuate, mi dolor era terrible. Mi dedo escurría sangre en forma estratosférica.

“Doctora, no me puedo dar el lujo de perder tanta sangre, mi sangre es bien difícil de conseguir, ¡en serio!”

Se me quedó viendo y me contestó con voz de reto:

“¿Qué tipo de sangre tiene?”

“AB negativa.”

“Sí es difícil, pero si necesitara, aquí en nuestro banco tenemos”.

¡Uta! Si necesito que  me pongan sangre, ¡definitivamente me voy al Español! pensé.

Cuando terminó el lavado llegó otro doctor a ver el corte.

“Pues sí, tenemos que coser, señora. Serán sólo cuatro puntadas para que se detenga bien. Doctora, proceda a coser”.

Entonces saqué mi blackberry y le dije a la doctora:

“Antes de que empiece, ¿le importaría que le tome una foto a mi dedo?”

La doctora puso cara de “qué onda con esta freak” y me dijo: “No importa, pero… ¿para qué quiere una foto?”

“Ah, para que mis niños la vean porque seguro quieren saberlo todo y ¡una imagen dice más de mil palabras!”

Tomé desde varios ángulos.

La doctora preguntó a los estudiantes: “¿Cuántos miligramos de Lidocaína tenemos que aplicar?”

“¡Tres!” “¡Cinco!” contestaban todos, como si estuvieran reprobando el peor examen.

“¿Qué prosigue del anestésico local?”

“Sutura con Vicril 00”, gritó otro más que emocionado.

Sacó la doctora una jeringa de caballo y me indicó que me iba a dar cuatro piquetes para que realmente hicieran efecto.

El primero me dolió terrible y, por supuesto, grité como histérica. El segundo me dolió menos, el tercero ya casi ni lo sentí y el cuarto, ¡gracias al cielo ni me inmuté!

Empezó a coserme. Se detuvo otro doctor a ver cómo lo estaba haciendo, y ¡claro! los internos con mil ojos sobre mi dedo.

Volví a pedir permiso para otra foto ya que estábamos en otro proceso del dedo y quería tener evidencia de todos los pasos.

La verdad, fue bastante rápido: tuve que apurarme a sacar la blackberry antes de que me vendaran.

Llegó un nuevo doctor y, serio como nadie, comentó:

“Señora, terminaron con su dedo, le vamos a dar un antibiótico para la infección y la vacuna del tétano. No le vamos a dar nada de antihistamínicos porque necesitamos ver si le va a pegar el dedo.”

¿Eh? ¿A ver si me va a pegar el dedo? ¡Casi me dio un infarto!

“¿Cómo que a ver si pega mi dedo? Y si no, ¿qué procede, qué sigue, qué sucede?”, pregunté con la voz un poco alterada .

“Sí, es que en cortes transversales no siempre pegan los dedos, si usted se lo hubiera cortado completo es dentro de todo mucho más fácil que pegue pero así como se cortó, no. Si no, la carne se pudrirá y se le hará una costra que se caerá con el tiempo y quedará sólo un cacho de dedo”.

Mi cara de asco no podía ser peor.

“Pero doctor, voy a oler feo porque si se pudre, ¡iiiiuuuuuuuu!”

“No se preocupe, que no va oler feo”, dijo, con tal seguridad que me tranquilizó un poco.

Saqué una foto del doctor, de mi dedo vendado.

Salí de la Cruz Roja con un hambre feroz, mi madre estaba igual. Nos paramos a echar un café y comida en el Starbucks, mientras le platicaba a mi santa madre toda la odisea.

“¿Cuánto te cobraron?”

“Nada, pero la experiencia lo vale todo.”

Después de una semana, regresé a mi cita para que me quitaran los puntos y una doctorcilla me dijo que qué lástima que no hubiera pegado el dedo. Que iba a llamar a un cirujano plástico para que no quedara tan “cucho”.

Tomé mi bolsa y salí por patas. Llamé a César, un doctor plástico super profesional y carísimo que osó darme cita para un mes después.

Claro, cuando le conté mi emergencia a la secretaria, me programó a las 7 am del día siguiente.

Entré traumada a ver al doctor Cruz. ¿Cómo era posible que en vez de que estuviera checando cómo quitarme la panza y las chichis estuviera visitándolo por un dedo?

Revisó todo, me dijo que sí iba a pegar. Que necesitaba veinte inyecciones de hormona de crecimiento que tenían un costo de $8000.00 pesos.

¿Hormona de crecimento?

“Doctor, si crezco para arriba no me importa, pero yo no me puedo dar el lujo de crecer más para lo ancho.”

“No, señora, sólo va a crecer la parte del dedo que le hace falta”.

Furiosa, quedé de verlo en cuanto se acabaran las inyecciones.

Salí del consultorio a pagar la consulta y la secretaria llamó a la siguiente paciente:

“Señora Lin May, pase por favor”.

Adriana

13 comentarios

Archivado bajo Adriana, Crónica

13 Respuestas a Corte transversal

  1. Monica

    ¡Me encantó! Chistoso, diferente e ilustrativo en cuanto a los cuidados de un dedo rebanado!!!!

  2. Alejandra

    Adriana, deja el cutter y ponte a escribir por favor (y mucho).
    Besos.

  3. dalia

    me encantóooo, es como si te estuviera escuchando en persona, las descripciones perfectas, dvv, increíble!!!

  4. Mari carmen

    Es el mejor relato que he leido de una entrada a ER,me imagine perfecto toda la acción a tu alrededor.
    No dejes de escribir.

  5. Martha

    Me hiciste reir!! y senti tu dolor Hermosa!
    lo siento en verdad!! ojala te cresca solo el dedo!jajajaja!!! escribes muy bien chula! no lo dejes quien quita y salimos de pobres!! besos

  6. Ana Paula

    Muy bueno de verdad tienes mil cualidades y ocupaciones me hiciste reir mucho

  7. Stella

    Chula:

    Estaba yo botada de la risa con tu relato, me imagino perfecto toda la odisea jaja, espero q estes mejor y ya te haya crecido parte del dedo jajaja

    Bs

  8. Mariana

    Wow mi Chula, otro de tus dones. Me hiciste reir mucho. Muy bien escrito. Necesitamos más de estas Chulaventuras!!!

  9. mily

    muy interesante me encanto
    felicidades

  10. Emma

    Un excelente relato de un mal rato!!! Me reí muchísimo como si lo estuviera viendo en vivo y en directo. Sigue escribiendo, es uno de tus mejores dones.

  11. Maribel

    Muy bueno Adri! Senti tu dolor y me hiciste reir mucho.
    Un Besito.

  12. LETICIA

    Que bárbara no te conocía esta faceta, me encantó, la forma tan simpática muy tuya para describir me hizo reir y sabes captar la atención muy bien.
    Sigue escribiendo lo haces muy bien.

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