Por lo pronto, en orden alfabético:
Adri. Ale. Aliza. Arturo. Dom Mingo. Elisa. Ilana. Karen D. Karen K. Lis. Lupita. Nina. Rosi. Sara. Shu. Tamar. Zahie.
Y autores invitados de vez en cuando.
Espero no haber dejado a nadie fuera. Al fin, un poco más de información, aunque sea a cuentagotas:
Aliza. Pintora y diseñadora gráfica, con un diplomado en Literatura Infantil. Cuenta con 22 exposiciones colectivas de pintura y una individual.
Dom Mingo. Me gusta: que los futbolistas hablen de banquetes, que las canciones hablen de pies y de pelucas, que los noticieros hablen de albercas, que los políticos hablen de personajes de Disney y que las niñas hablen de banderas. También me gustan los ladrones que hablan de todo y que comparan un asesinato o un secuestro o un acto terrorista con un salto. Me gusta creer que cuando alguien salta en la calle, y que parece que no pasó nada y a lo mejor nadie lo voltea a ver, en realidad está tratando de destruir algo. También me gusta que cada quien salta de una altura diferente y que a veces, si todo sale mal, los paracaídas se descomponen y no abren.
Elisa. Durante más de trece años de mi vida trabajé acomodando palabras: para mandar un mensaje, para vender un producto, para convencer de un servicio; hice comunicados de prensa, comerciales impresos, de radio, de tele, también escribía artículos para la revista corporativa, muchos con seudónimos –ni modo que se viera que todos los hacía yo- y también hice discursos, los de todos los jefes: en inglés, en español y hasta en espanglish, todo al gusto del consumidor. Así es: acomodaba palabras y la verdad lo hacía bien o por lo menos eso creía yo. Hasta que llegué a este taller y después de varias sesiones de sólo escuchar decidí empezar a hacer lo que siempre había anhelado: escribir. Sí, por fin lo que yo quería: escribir. La respuesta de mis compañeras, críticas feroces, la voy a agradecer siempre, y fue algo mas o menos así: “Okay, sí está bien escrito y todo; es más, casi te lo creo”. O: “demasiado correcto, lo veo pero no lo siento”. Otro más: “rompe la retórica barata, ¡no te sirve!” o el peor/mejor: “ya sabemos que sabes escribir, ahora atrévete”. Y eso hice: hoy estoy embarazada de una novela, y no todos los días tengo la estructura emocional o la racional para escribirla, pero todos los días lo intento, y no todos lo días escribo como quisiera y mucho menos a la primera, pero lo sigo intentando y corrijo y lo leo y corrijo y lo peloteo y lo vuelvo intentar, hasta que me sale como creo que va. ¿Y para cuándo es el parto? No, no sé para cuándo —como diría mi ginecólogo— estará listo “el producto”.
Karen K. Soy escritora y tejedora de historias desde que me acuerdo. No tengo el título colgado en mi pared pero tampoco tengo el de diseñadora gráfica y esa carrera sí la estudié completita. Cuando cumplí los 9 años comencé a escribir un diario y lo sigo hasta la fecha aunque ahora no califico los días con una A o una D dependiendo de la calidad de mis días, como lo hacía en el colegio. Tengo un imán para las anécdotas ajenas y como tengo mala memoria suelo crearles un final diferente. Aunque llevo la mitad de mi vida en México, Guatemala es la base donde aterrizo cada vez que me pierdo. Sueño despierta, platico con extraños y tengo conversaciones enteras conmigo misma, pero últimamente lo tengo más seguido. Lo disimulo bastante y quizás por eso también escribo ya que situaciones como éstas terminan por ser medicadas. He aprendido que los silencios dicen más que las palabras, que hay que leer entre líneas y que el chocolate cura cualquier malestar. Compro libros obsesivamente y hay veces que ni los leo. También los huelo y me ilusiona pensar que algún día mi librera se llenará hasta el tope. Me emociona tanto una revista de cocina, como un libro de Joyce. Jamás lo he leído pero vaya que deslumbra y aquí queda inscrito mi eterno recordatorio.
LIS. Me recibí de historiadora hace catorce años, pero la neta es que jamás historié, hasta que por historias de la vida llegué al taller. Ahí aprendí, o más bien desaprendí todo lo que creía que era escribir: fuera retórica, adiós a los adornos del lenguaje, hello condensación, bienvenido el equilibrio entre el estado de inocencia y el estado de alerta, y entre oficio y talacha no me dí cuenta en qué momento justo me convertí en una adicta compulsiva del teclado. Estoy ahora a una materia de terminar la maestría en Apreciación y Creación Literaria. Pero ¿a quién le importa un título cuando la verdadera esencia está en el jugo del texto mismo y no en su título…?
Lupita. Todos los días y muchas noches de la semana me las arreglo para hacer las cosas que más me gustan y llamarles “trabajo”. Leo compulsivamente. Discuto acerca de libros. Escribo cuentos para niños, y a veces hasta me los publican. También escribo artículos cortos y ácidos para distintas revistas, y como casi nunca me los censuran, cada entrega intento hacerlos más largos y más ácidos. (“Esta Navidad: ¡excremento de reno fresco para su jardín: congelado, empacado al vacío y directamente importado de Laponia!”). Cuando me encuentro con un texto que está vivo, intento averiguar cuáles son los mecanismos que lo hacen funcionar; cuando me topo con algo que me suena a papilla pseudopoética, intento también descubrir por qué no me convence. Supongo que por eso doy clases y talleres de narrativa. Este blog es (o pretende ser) una extensión del taller de los viernes, léase: se vale criticar. En serio.
Shu. No veo noticias, me choca enterarme del poco civilizado planeta en el que vivimos. Mejor leo y leo y leo. Soy patéticamente desorientada. No se me da lo de norte y sur. Pero en mate soy buenísima. Estudié letras latinoamericanas y mucho tiempo sólo leía a escritores latinos. Doy clases en una prepa, me gusta estar en contacto con jóvenes. Intento que les guste leer. Me encanta escribir. Hace mucho publiqué una obra de teatro. Pienso que la vida nos regala personajes e historias dignas de quedar plasmadas en papel. Madame Bovary de Flaubert y “Cuentos completos” de Julio Cortázar son mis libros de cabecera.
Me gustaría decir que somos un “colectivo”, porque la palabra tiene onda. Suena a algo serio, establecido. La verdad es que somos un grupo de amigos que nos reunimos cada semana para leer nuestros textos, recomendarnos libros, beber café y hablar todos al mismo tiempo. No se puede pedir más.
Felicidades a todas. Me encanta su blog, viva la creación y la publicación libre y directa. Reciban por favor un abrazo desde Barcelona.
Haciendo eco del comentario de David -quien tambien tiene un excelente Blog- reciban mis felicitaciones y un fuerte abrazo.
Gracias por sus amables comentarios: ¡así dan ganas de seguir publicando! Un abrazo a ustedes también.